Seis semanas, cuarenta y dos días, mas de mil horas…, no se necesita mas para que tu vida se disfrute en totalidad.
Después del tortuoso camino que tuve que llevar durante dos anos, donde la esperanza parecía acabar, donde no existía mas que silencio, pesar y la amargura interna por la inhabilidad de no poder compartir y al mismo tiempo ser incomprendido; las ultimas 6 semanas se convirtieron en la plenitud de mis alegrías, emociones e intenciones para el futuro. Solo con la idea de ser como sere en el futuro, sin ninguna otra pretencion, simplemente la de comportarme como la persona que quiero ser, sin malicia, sin maldad, puramente yo frente al mundo, sin dobles intenciones, con obligaciones espirituales, con reglas morales, éticas y básicas de educación, el mundo pareció aceptar mis buenas intenciones y me retribuyo con algo aun mas grande, el culmen de una celebración que aun no se había podido concretar.
Seis semanas, cuarenta y dos dias, mas de mil horas, que mas tiempo se puede necesitar, para crear una amistad, para admirar aun mas una cultura milenaria, para aprender sobre tradiciones, para racionalizar sobre la vida, para volverte un ejemplo, para ser independiente, para agradecer por lo que se tiene, para compartir una sonrisa, para compartir un gesto, para conocer a alguien que te detiene el corazón…, que mas tiempo se puede necesitar, para vivir cada uno de estos momentos al máximo, en una cuenta regresiva todo tiene mas valor, todo sabe mejor, todo se graba instantáneamente porque todo queda ligado por el sello de la “cuenta atras”.
Y así, todo llega al final; como el despertar que cuesta ver mientras abres tus ojos, mientras despabilas tus sentidos, tu sabes que estas ahí porque sabes que algo hará falta a partir de ese momento, porque desde ahí el sistema se ha invertido, ya no es llenar tu mente de memorias, sino usar las memorias para creer que en la vida 6 semanas o 42 dias, no son un evento fugaz.